Jóvenes que reconstruyen el tejido social y la paz

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En función del contexto social, cultural y económico, la solidaridad entre los jóvenes puede ser de una forma u otra. Pero, ¿qué es lo que les motiva para ser más o menos solidarios? En líneas generales, los jóvenes pueden generar más interés e inclinarse más por aquello que les preocupa o les ocupa.

Algunos estudios aseguran que los jóvenes suelen ser más solidarios cuando se trata de temas como el medio ambiente, la justicia social y los derechos humanos. De todas formas, todo tiene matices: ser solidario no va hilado a ningún prototipo o cualidad de la persona como la edad o algún grupo demográfico en exclusivo. Personas de todas las edades y etnias pueden ser solidarias y tener un compromiso con los demás y con lo que preocupa a la sociedad. 

Con todo esto también hay que recalcar que en la actualidad hay un alto porcentaje de jóvenes solidarios. Algunos apuntan que es por la generación de cristal, como así llaman a las personas nacidas a partir de la década de 1990. Supuestamente son más sensibles a nivel emocional y son menos propensas a afrontar la adversidad con fuerza, en comparación con las generaciones anteriores. Esto nos lleva a asumir que su sensibilidad hace que sean más compasivas y empáticas con los demás y a su vez más solidarias. 

Los jóvenes desprenden entusiasmo, vitamina y una disposición ejemplar para luchar frente al status quo que marca tanta diferencia. Hay que promover la responsabilización, el reconocimiento a las víctimas, la reparación, el respeto de los derechos y la reintegración social, o al menos intentarlo. Todo granito de arroz suma para construir una montaña llena de paz y reconciliación a través de estrategias de nivel nacional e internacional.

Este compromiso social, lleva a los jóvenes a participar en actividades altruistas y a apoyar diversas causas humanitarias. Con todo esto, destacan varias iniciativas que pueden fomentar la solidaridad entre los jóvenes. En primer lugar, los programas educativos que pueden ofertar las academias, colegios y universidades. Pueden incluir en sus enseñanzas los valores de la solidaridad y voluntariado. Las posibilidades que se ofertan desde los centros académicos pueden ser desde talleres y actividades prácticas hasta charlas de conciencia. Además, gracias a las nuevas tecnologías y a las redes sociales los jóvenes tienen más facilidades para transmitir sus emociones y lograr conmover a la sociedad creando una movilización de las masas en torno a causas solidarias

En segundo lugar, la oportunidad de realizar un voluntariado con facilidad. El punto negativo de los jóvenes, es que en ocasiones se lo tienes que dar todo masticado y en bandeja. Sin embargo, una vez tengan todo listo, se tiran a la piscina y se dedican en cuerpo y alma a hacer aquello que les preocupa. Con los voluntariados, los jóvenes también son beneficiados porque adquieren mucha energía positiva: la interacción con las personas de diferentes contextos y con diversas necesidades les hace sentirse más productivos, solidarios y buenas personas. 

Unido a la idea anterior de los programas educativos, asimismo se pueden realizar talleres donde los jóvenes solidarios sirvan como mentores para los que necesitan un apoyo adicional. Igualmente, pueden hacer uso de campañas o eventos para promover la solidaridad y que llegue a más personas. Algunos ejemplos son las campañas de recolección de alimentos, ropa o juguetes para familias necesitadas, jornadas de limpieza en parques y playas, o acciones de recaudación de fondos para organizaciones benéficas… 

En tercer lugar, puede haber una motivación detrás de todo este proceso. En ocasiones los jóvenes también necesitan un empujoncito para seguir adelante o un incentivo que les haga saber que lo están haciendo bien y van por el buen camino. Esto puede incluir premios, reconocimientos públicos y eventos especiales dedicados a resaltar el impacto positivo que tienen en su entorno. Con ello consiguen celebrar estas contribuciones solidarias y motivar a más personas de su entorno. 

Estas iniciativas además de fomentar la solidaridad entre los jóvenes, también promueven un sentido de responsabilidad cívica y un compromiso con el bienestar de la sociedad a nivel global y en todos los aspectos. 

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