Habla con pausa, pero sin rodeos. Javier López lleva más de cuatro décadas vinculado al Centro Don Orione de Posada de Llanes, donde hoy ejerce como director. No oculta que su llegada a Asturias fue una decisión personal y deseada: “Cuando terminé mis estudios y aún no me había ordenado, el Provincial me preguntó a dónde quería ir. Seguramente no sabría dónde enviarme para ser útil a la Provincia. Le respondí inmediatamente que a Posada de Llanes. Así fue, a Asturias me envió”.
Desde entonces, su papel ha evolucionado, pero no su modo de estar. “Pasé unos años como cuidador de un grupo de chicos. Este lugar es sin duda privilegiado por su paisaje, a dos kilómetros del mar y entre montañas. Con razón se le llama Paraíso Natural. Más que dirigir, intento animar, coordinar, estar presente y apoyar lo más posible a un excelente equipo. Entre todos, hacer del ‘Orione-Asturias’ un lugar agradable donde todos sintamos que el Centro nos pertenece”.
Lejos de una gestión impersonal, su forma de liderazgo se basa en el ejemplo, el acompañamiento y la comunión con la comunidad. “El Centro es el resultado de mucha generosidad, buen hacer y sacrificio de casi cien profesionales y la colaboración de todos los que aquí vivimos”, afirma.
Al preguntarle qué distingue a Don Orione de otras instituciones, no duda en responder desde lo esencial: “La finalidad. La Caridad, con mayúscula, que no es otra cosa que derramar el Amor que nos viene de Dios a nuestro alrededor. Atendemos a estas personas porque nos necesitan… y porque nosotros también los necesitamos a ellos”.

La vocación cristiana se hace concreta en la vida cotidiana del centro, donde conviven residentes y vecinos con una naturalidad poco común en este tipo de entidades. “Las personas que aquí viven llegaron de niños. Hoy superan los cincuenta años. Han crecido con los vecinos de su edad. Han jugado juntos al fútbol, aprendido a nadar, hecho teatro… Somos todos paisanos. Cuando se encuentran en el mercado, los bares o la iglesia se saludan con afecto como unos del pueblo más”.
Esta integración real, que no se impone desde arriba, es el resultado de una forma de trabajar profundamente humana. “Lo que perciben los nuevos profesionales, los voluntarios e incluso los proveedores es un ambiente especial. Una forma de ser y actuar propia del Orione. El día que perdamos eso, podemos cerrar o regalar el centro a quien sepa resucitar lo perdido”.
A diario, Javier y su equipo enfrentan retos concretos. “Formar un equipo donde todos demos lo mejor de nosotros. Sostenernos, animarnos, sacar lo mejor de cada uno, que es mucho. Que vengamos contentos a trabajar. Mantener la calma y ocupar a todos es un reto de cada día. Todo esto con sueldos bajos y con las dificultades que todos tenemos en nuestras vidas personales. Aun así, contamos con un equipo excelente, que bien quisieran muchas empresas”.
En ese esfuerzo constante, la formación es una necesidad urgente. “Nunca haremos lo suficiente para formarnos y renovarnos. El mundo cambia con mucha rapidez y quien no avanza, retrocede. Don Orione decía que tenemos que estar a la cabeza de los tiempos, y eso exige formación continua”.
Para los laicos que se incorporan, el carisma se transmite con autenticidad. “Lo principal es predicar con el ejemplo. No podemos decir algo que no vaya respaldado por la coherencia de nuestras acciones. En nuestra sociedad sobran palabras y quizás estemos escasos de hechos de vida. Una acción, en un momento determinado, vale infinitamente más que mil palabras”.
Las relaciones con las familias también son objeto de especial atención. “No es fácil porque muchos de nuestros chicos no tienen familia o están lejos. Pero cuidamos mucho esa relación. Un momento especial de convivencia es el día de la fiesta del Centro en mayo. Siempre podemos hacer más”.
Esa apertura se extiende también al entorno. “La relación con la comunidad de Llanes es muy estrecha. Yo me atrevo a decir que El Orione no se entiende sin Posada, ni Posada sin El Orione. Lo mismo ocurre con los pueblos vecinos”.
La fe, en este contexto, no es un añadido, sino el núcleo del día a día. “Es primordial. Hay que tener fe en Dios, fe en los demás y fe en nosotros mismos. En nuestros días estamos perdiendo la fe. Se pierde la ilusión y la vida se vuelve gris. La fe nos da capacidad de volar alto, de confiar en lo que juntos podemos lograr”.
Formar parte de la Congregación de Don Orione en España es, para él, un legado a custodiar. “San Luis Orione dijo: ‘Solo la Caridad salvará el mundo’. La Caridad es el amor de Dios en nosotros, hacia nosotros, entre nosotros. Es un regalo que no debemos guardarnos ni desvirtuar”.
Desde esa perspectiva, el papel de las instituciones de Iglesia es claro. “Nuestra misión no es atender a los vulnerables, sino vivir y crecer con los vulnerables”, señala, recordando las palabras de Don Nicolás Castellanos.
Y aunque la mejora de instalaciones y la ejecución de proyectos siempre está presente, no pierde el foco. “Es fácil compartir cosas, más difícil es compartir vida. Convivir es lo más importante. Lo intento todos los días, aunque no siempre se consigue. Escuchar y compartir. Encontrar la realidad del otro nos descoloca, nos duele, y por eso ponemos excusas. Pero es lo que nos transforma”.
Cuando se le pregunta por el futuro del centro, lo tiene claro: “No perder lo conseguido en tantos años y, por supuesto, seguir mejorando y adaptándonos a nuevas formas de vida con nuestros compañeros de viaje. El que no avanza, retrocede”.
Y concluye con una invitación sencilla y firme: “Que nos visiten. Esta tierra es bellísima y El Orione se puede visitar cuando pasen por la zona de Llanes. Asturias, Paraíso Natural. ¡Les esperamos!”




