Entrevista a Jesús García Morán, presidente de la Asociación El Patiu

Jesús, fundador de El Patiu, comparte su historia de vocación social inspirada en Don Orione. Un testimonio de compromiso con la infancia, las familias y la inclusión en Asturias.
Jesús, impulsor de El Patiu, relata su trayectoria de compromiso con la infancia y la inclusión desde la espiritualidad de Don Orione y la acción social en el medio rural.

Presidente de la Asociación El Patiu y director de Centros de la misma entidad, Jesús García Morán lleva toda una vida dedicada a acompañar procesos vitales de personas vulnerables. Su vinculación con el ámbito social no es fruto del azar ni de una decisión repentina, sino el resultado de una historia personal profundamente enraizada en el entorno del Centro Don Orione de Posada de Llanes.

En esta entrevista, Jesús comparte con honestidad y cercanía los orígenes de su vocación, el crecimiento de una asociación que cumple ya 25 años y los retos que enfrentan quienes trabajan con la infancia, la adolescencia y las familias en riesgo.

Una conversación que no habla solo de programas y cifras, sino de personas, de fe, de comunidad y del poder transformador de estar presente en la vida del otro.

Jesús, tu vinculación con el ámbito social empezó desde niño, influido por tu madre y el Centro Don Orione. ¿Cómo recuerdas esos primeros contactos con la diversidad funcional y cómo marcaron tu vocación profesional?

Pues, efectivamente mi madre trabajó en el Colegio de Educación Especial Don Orione en Posada de Llanes. Eran tiempos en los que en los pueblos no existían alternativas de ocio para niños y niñas y el Centro Don Orione se convirtió en mi segunda casa. Al estar alrededor de mi madre desde los 5 añitos en torno al Centro, la diversidad funcional era algo totalmente normalizado para mí. Jugaba, corría y me divertía con los chicos del Orione como con mis propios hermanos de tal manera que fui creciendo en este hermoso entorno que tanto amo y que fue la semilla para descubrir posteriormente mi vocación social.

¿En qué momento entendiste que tu vida iba a estar dedicada a la infancia, la adolescencia y las familias en situación de vulnerabilidad?

Pues tras rechazar varias propuestas de empleo alternativas tuve claro que quería dedicarme a trabajar o, mejor dicho, a dedicar mi vida en parte, a las personas con diversidad funcional. Es a partir de la creación del grupo de jóvenes amigos de Don Orione por medio de la Parroquia de Posada de Llanes, cuando decidimos emprender el camino del asociacionismo y dedicar así nuestras tardes de fin de semana a los más pequeños del pueblo. En ese momento me di cuenta de la importancia de enfocar mi futuro personal y profesional hacia el campo de la exclusión social arraigado en los más pequeños y sus familias.

Una de tus frases de referencia es “Camina lento, no te apresures, que a donde tienes que llegar es a ti mismo”. ¿Qué significado cobra para ti en tu trabajo diario y en tu recorrido vital?

A lo largo de mi vida tuve una profunda crisis personal donde fui consciente de la velocidad a la que iba sin reflexionar o sentir por qué realmente estaba metido en el activismo rechazando un montón de oportunidades en otros campos. En la búsqueda de sentido inicié una serie de Caminos de Santiago que me llevaron a redescubrir que la fuerza latía muy dentro de mí, ocultando al Dios que es el motivo de todo este empeño. Solo llegando a uno mismo, queriéndose a uno mismo y sintiendo esa fuerza, pude seguir adelante y para ello me tuve que parar en seco, no podía más… Llegué así a encontrarme y encontrar a Dios.

El Patiu nació en 1999 en Posada de Llanes, vinculado a la Parroquia y al Centro Don Orione. ¿Cómo surgió la idea de crear este espacio organizado de ocio y tiempo libre para niños y adolescentes?

Pues todo parte en el Centro Don Orione. Motivados por el voluntariado, la dedicación profunda de los religiosos a los jóvenes y la necesidad de encontrar un grupo de referencia. Desde ahí nos empezamos a dedicar a la música desde las Eucaristías y, posteriormente, como grupo de personas jóvenes, surge la inquietud de dar tiempo a los niños y las niñas de nuestro entorno para jugar sin más, para crear espacios creativos y de convivencia. Surge así el Coro de la Parroquia y tras él, la aventura de crear una Asociación Juvenil. Esta asociación facilitó una estructura donde, como jóvenes, pudimos ilusionarnos e iniciar un proceso progresivo de formación hacia la inclusión de niños, niñas y adolescentes vulnerables.

¿Qué recuerdas de los primeros años? ¿Qué fue lo más difícil y lo más ilusionante de aquellos inicios?

Crear un proyecto junto a las personas y amigos que más quería. Hacer fuerza juntos, ilusionarnos por llevar a cabo algo diferente, algo no existente en el medio rural. Lo más difícil fue enfrentarnos a nuestros miedos, a las trabas de adultos que no confiaban en nosotros, a adentrarnos en el mundo de la administración de la que empezamos a depender económicamente. Pero sobre todo a la incertidumbre de qué iba a pasar después…si todo esto finalmente desaparecería o, por el contrario, conseguiríamos la forma de seguir adelante teniendo cada uno su propia vida personal. De alguna manera muchos fuimos marcando un sentido a nuestras vidas desde la acción social que fuimos desarrollando.

¿De qué manera la herencia y los valores de Don Orione están presentes en la historia y en el espíritu de la asociación?

Don Orione fue el gran motivador de esta experiencia. Para algunos supuso toda una revolución en nuestras vidas. El espíritu de Don Orione guio cada paso y cada apuesta por un nuevo programa. Don Orione, su vida, sus obras en España y fuera de ésta son hoy en día como una rama de un árbol central en el que nos situamos. La Providencia es cada día la fuente que alimenta esta entidad.

¿Cómo definirías hoy la misión de El Patiu?

La Asociación el Patiu es una entidad dedicada a la atención integral a niños, niñas, adolescentes, jóvenes y personas en situación de vulnerabilidad o exclusión social, así como a la inserción sociolaboral de personas en situación de exclusión social. Es un lugar abierto con una propuesta educativa centrada en la persona, diferenciada según edad y situación personal; un ambiente de vida joven; y un espacio de animación de la cultura infantil y juvenil, en el que prevalecen las actividades de grupo con una organización y pertenencia más estables, y con una mayor incidencia en el compromiso en la vida personal, familiar y social de sus miembros.

Hablas a menudo del trabajo en equipo. ¿Por qué es tan importante en una entidad como la vuestra?

El trabajo en equipo es algo más que el propio concepto. En equipo podemos desarrollarnos como personas haciendo de espejos unos a otros, calibrando nuestros problemas. Como equipo somos más creíbles en nuestro entorno. Las personas a las que acompañamos creerán más en los valores que promovemos si lo hacemos en equipo. En equipo y gracias a las fortalezas y debilidades de cada uno, podemos llegar a realizar humanamente proyectos con la mayor eficacia. No se puede concebir un proyecto social si no se hace compartiendo y creando fórmulas nuevas, diversas, que rompan esquemas, que generen dudas e incluso malestar. Es así como cada uno tiene su hueco y todas sus propuestas son bien venidas. Si queremos cambiar un poquito nuestro entorno y sus injusticias, hagámoslo siempre juntos.

¿Qué valores fundamentales guían el día a día de vuestro trabajo con niños, adolescentes y familias?

Estar atentos a cada individuo y a sus necesidades. Ser flexibles a la hora de diseñar el trabajo y adaptarse siempre al momento vital. Buscar en todo momento la inclusión en la Comunidad de referencia como espacio rehabilitador acompañando para ello en el proceso. Formar parte activa de la vida de las personas que atendemos desde el máximo respeto. Permanecer alegres y positivos ante ellos siendo para las personas ejemplo desde nuestras propias vidas. Crear espacios de socialización seguros para el desarrollo personal del individuo, ya sea menor de edad o adulto.

El Patiu desarrolla programas de apoyo a la infancia, a las familias y a la inserción sociolaboral. ¿Cuáles destacarías por su impacto?

Desde el punto de vista del impacto en la vida de las personas destaco los programas de prevención y protección a la infancia, dado que se están viendo avances profundos en los y las menores que pasan por los Centros. El acompañamiento a estos menores y a sus familias propicia una tremenda capacidad de resiliencia que permite que despeguen hacia potentes y nuevas oportunidades para sus vidas. Desde el punto de vista de impacto social quizás destacaría la atención a personas en situación de sin hogar. Este colectivo está muy expuesto a la crítica y absolutamente marginado por la sociedad.

¿Podrías contarnos cómo funcionan esos programas participativos en los que cada persona es responsable de su propio crecimiento?

Todos los programas que se desarrollan desde la asociación, ya sea para menores o para adultos tienen, entre otros, el componente común de que son diseñados y avanzan en consenso con todas las personas usuarias. Esto significa que se adapta a las necesidades y realidades de cada individuo en base a proyectos individuales que se puedan trabajar en grupo. Cada persona es protagonista activa de su itinerario y responsable de llevarlo a cabo con el apoyo y acompañamiento de los profesionales.

¿Cómo acompañáis a las familias en situación de vulnerabilidad?

El acompañamiento a las familias se realiza a través de tres vías que se complementan entre sí. La primera son las tutorías personalizadas con las educadoras, que permiten abordar el desarrollo del menor en casa, su asistencia al recurso o al centro educativo y, sobre todo, cómo mejorar las relaciones familiares. La segunda vía consiste en la intervención familiar directamente desde los hogares: las educadoras visitan las viviendas y, desde allí, trabajan con las familias para mejorar aspectos educativos, establecer rutinas y fomentar hábitos saludables de convivencia. Y, por último, están los talleres grupales de Parentalidad Positiva, donde las familias aprenden a través de las experiencias de otras que ya han pasado por procesos similares. En conjunto, se trata de una intervención cercana, real y muy adaptada a cada situación.

Vuestro trabajo en red con otras instituciones es clave. ¿Qué beneficios aporta esta colaboración para el desarrollo de vuestro entorno?

Se habla mucho de trabajo en red en todos los sitios. El trabajo en red es fundamental para la buena ejecución de los programas. Es el que propicia que todos los agentes que intervenimos alrededor de un plan de caso lo hagamos con un mismo sentido y sumemos uniendo esfuerzos por el bien de cada persona a la que atendemos o cada actividad comunitaria que realicemos. Este trabajo depende mucho de las personas que están detrás de cada institución. Para hacerlo bien es necesario conocer y creer en el proyecto que se realiza desde diferentes ámbitos o instituciones públicas o privadas.

El voluntariado es un pilar de El Patiu. ¿Cómo se integran las personas voluntarias en vuestros programas?

Toda persona que desee dedicar un tiempo a ayudar a otras personas puede ponerse en contacto con nosotros por medio de la web o el teléfono 985 40 86 87. Tras una breve explicación nos citamos para realizar una bienvenida en la que formamos brevemente a la persona voluntaria sobre los fines y objetivos de la asociación, sus inicios, su misión y todos los programas que se llevan a cabo. A partir de ahí la persona puede involucrase en la medida que quiera, tenga capacidad y tiempo como una persona más del equipo humano. También aprovechamos para informar sobre la posibilidad de realizar voluntariado en el Centro Don Orione de Posada de Llanes y de las actividades parroquiales que están en marcha. Toda persona voluntaria puede participar colaborando en un programa o realizando tareas más técnicas, proponiendo nuevas actividades y respuestas sociales actualizadas.

¿Qué cualidades buscáis en un voluntario y qué crees que se lleva cada persona de esta experiencia?

Buscamos personas que realmente estén dispuestas a darse para mejorar un poco la vida de otras personas. Personas que quieran canalizar sus talentos al servicio de otros, personas comprometidas con el cambio social. Nuestro deseo es que del Patiu salgan más realizadas, con esperanza, con energía para su vida diaria.

¿Cómo animarías a los jóvenes a participar en una asociación como la vuestra?

A los jóvenes los animo a que se organicen de la manera que quieran pero que lo hagan. El mundo asociativo es cada vez más complejo, se nos trata casi como una empresa ordinaria con el riesgo de caer en la trampa de la producción y dedicando mucho tiempo a tareas administrativas. Por otro lado, es la manera más eficaz para representar a un colectivo, tener voz ante la sociedad y las administraciones. Hemos de entender que una asociación está a pie de calle observando las nuevas pobrezas de la comunidad diseñando estrategias de solución y mejora que luego pone al servicio de las Administraciones para que las consolide.

Tras 25 años de recorrido, ¿qué logros te enorgullecen más como presidente y director de centros?

Lo que más me enorgullece es tener un equipo humano de profesionales y voluntarios capaces de transformar literalmente la vida de los chicos/as y personas vulnerables que atendemos. Me enorgullece que lo hagan no tanto por tener una buena formación académica, sino por ser unas bellísimas personas que se involucran persistiendo a pesar de la multitud de dificultades y negativas con las que se encuentran día a día. La sociedad es tremendamente compleja y genera cada día paradójicamente más exclusión y dependencia.

¿Cuáles son hoy los principales retos que enfrenta El Patiu en un contexto social cambiante?

Seguir el ritmo de las nuevas circunstancias que hacen sufrir a las personas, especialmente a los más pequeños. En concreto dar una respuesta real y eficaz a los problemas, cada día más serios, de salud mental que presenta la sociedad adolescente, víctimas de una manipulación de medios y Redes Sociales de la que dependen para sentirse aceptados y queridos.

¿De qué manera ha evolucionado el perfil de los niños y adolescentes que atendéis desde 1999 hasta ahora?

Han pasado de jugar y relacionarse en persona a estar hipnotizados por el móvil. Han pasado de tener familias donde el tiempo era sagrado, a ser niños/as llavero donde son dueños de su tiempo sin dedicación ni control parental. Tenemos niños/as hiper activados y niños/as con desventajas sociales, ambas circunstancias muy distantes entre ellas. Los casos que requieren una atención especializada en Salud Mental o Atención Temprana se han incrementado potencialmente con respecto a años atrás. No tengo tan claro que los/as niños/as de ahora sean más felices y vivan mejor que antes. Externamente puede o podemos ser más libres… pero internamente somos claramente más esclavos.

¿Qué proyectos de futuro tiene El Patiu para seguir creciendo y respondiendo a las necesidades de la comunidad?

Nuestros principales objetivos para el futuro pasan por reforzar la atención integral a las personas sin hogar, que es uno de los colectivos más olvidados. También queremos fortalecer el acompañamiento en salud mental para niños y adolescentes, apostando por una intervención profesional e interdisciplinar que permita abordar los casos más complejos. Otro reto es consolidar el programa específico para menores con graves problemas de conducta, algo que requiere mucha estabilidad, equipo y formación. Y, por último, uno de nuestros sueños es afianzar la empresa de inserción laboral, porque sabemos que el empleo es una de las claves para salir de la exclusión.

¿Qué mensaje te gustaría dirigir a las familias, a los voluntarios y a la sociedad sobre la importancia de acompañar a la infancia y la juventud?

La infancia y juventud no necesita grandes proyectos revolucionarios y sofisticados de atención hiper especializada. Necesitan tiempo, dedicación, acompañamiento, dejar que metan la pata, que se desarrollen por sí mismos/as acompañando en el proceso y guiando con los menores condicionamientos que les podamos implantar.

Para terminar, ¿qué significa para ti, en lo personal, haber entregado tu vida a un proyecto como El Patiu?

Desarrollo y proyecto de vida. Muchas son las cosas a las que uno ha tenido y tiene que renunciar para seguir un proyecto así. El Patiu da coherencia a mi fe, a la manera que tengo de ver la vida, a la manera de afrontar los problemas. En definitiva, es responsable de mi felicidad.

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